• Pamela Valenzuela

Mi Experiencia en El Aprendiz

Mi nombre es Pamela Valenzuela, soy chilena y estoy terminando la Maestría Profesional en Liderazgo Estratégico con Mención en Consejería Bíblica.


Junto a mi esposo y mis dos hijos tomamos la decisión de tomarnos un tiempo de servicio y capacitación en Bolivia tras tener la fuerte convicción que esto era lo que el Señor nos estaba pidiendo para estos dos años. Fueron dos años de preparación desde que escuchamos el llamado del Señor hasta que llegamos a Santa Cruz de la Sierra, fue un tiempo difícil y de muchos desafíos, como tener conversaciones con nuestras familias, amigos, iglesia, renunciar a nuestros trabajos, vender todas nuestras cosas, levantar donadores y reunir el dinero suficiente para este tiempo.


Estos dos años han sido un tiempo de procesos, donde el Señor ha trabajado en la vida de los cuatro de diferentes maneras, nos ha enseñado, nos ha permitido aprender, crecer, madurar en muchos aspectos.


En este sentido El Aprendiz, a través de la Maestría ha jugado un papel fundamental. Cada materia que estudiaba me confrontaba con una realidad en mi vida, que necesitaba ser revisada, cambiada o potenciada. Como líderes de iglesia o pastores no tenemos la posibilidad de parar y revisar aspectos del corazón que suelen estar en la repisa de pendientes, que postergamos y terminamos pagando factura a modo de crisis, depresiones, incluso en el abandono de nuestro llamado o servicio. Creo que es vital acceder a espacios como estos que, finalmente irán no solo en directo beneficio personal, de nuestro mundo interior, sino que en beneficio de las personas a las que servimos, a nuestros ministerios y llamados.


Otro regalo que he obtenido en este proceso ha sido el mentoreo. A cada estudiante de la Maestría se le proporciona un mentor, que es una persona que camina contigo durante los estudios de la Maestría, con quien te reúnes cada semana y puedes abrir el corazón, ser acompañado en tus procesos, una persona con quien puedes ser como eres, con tus dudas, tus crisis, tus enfados y que no te juzga sino camina contigo, encaminándote siempre hacia Dios, para que esos procesos sean encaminados y sanados por él. El liderazgo suele ser, lo mas de los casos, muy solitario, esa soledad y falta de rendición de cuentas es muy dañina para cualquier persona, pero particularmente para líderes y pastores. El tener un mentor permite reenfocar muchos aspectos de la vida, equilibrar la balanza interna y poder comparar los criterios propios que no siempre son los más adecuados si no se revisan constantemente a la luz de las escrituras. No digo con esto que el mentor reemplace la relación y labor del Espíritu Santo, solo que como seres humanos necesitamos de la interacción revitalizante de una persona y lugar seguro donde vaciar y recalibrar, cada ciertos kilómetros de caminata.


Al encontrarme finalizando este proceso, puedo mirar hacia atrás y sacar buenas conclusiones. Dios ha sido bueno permitiéndonos como familia la experiencia de salir de nuestra cultura para, según nosotros servir, pero en realidad el Señor nos trajo para hacer un alto y tomar un tiempo con él, tiempo de abrir el corazón, revisar, limpiar, recalibrar, crecer. Después de esto podremos seguir la caminata para seguir sirviendo, ahora en mejores condiciones que las anteriores.


Agradezco haber conocido a cada una de estas hermosas personas, profesores, mentores, compañeros que creo que ha sido capacitados y puestos por el Señor para permitirme seguir creciendo en mi relación con Dios, conmigo misma y los demás.

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