• Omar Herrera

Dios Entre Las Ruinas




Estaba atravesando un tiempo complicado en mi vida: relaciones rotas, pecados que no podía vencer y el encierro total por la cuarentena de la pandemia, no era un momento fácil de mi vida así que necesitaba desesperadamente una Palabra de Dios.


Por esos días llega a mis manos el libro “Dios en las Ruinas” de Mags Duggan cuyo contenido traía una Palabra de Dios para mi vida que me ayudó a atravesar esa temporada de mi vida. Una de las cosas que más llamaba mi atención a lo largo de la lectura del libro, era que en el momento en que necesitaba escuchar algo de parte de Dios, leía un capítulo y era como si el Señor me estuviese dando una enseñanza o explicación acerca de lo que pasaba en mi vida.


Un claro ejemplo de esto sucedió un día en el que estaba ensimismado en la perspectiva que yo tenía de la situación que estaba viviendo, no podía ver más allá de lo que sentía y pensaba; esto me llevó a creer que yo estaba en lo correcto y las demás personas no. Recuerdo que ese día leí el capítulo cuatro y fue allí donde aprendí que cuando vamos a Dios, Él puede cambiar la perspectiva que tenemos de la situación que estamos viviendo. Y eso era lo que necesitaba en ese momento, dejar mi perspectiva de lado y unirme a la de Dios. El Espíritu Santo abrió mis ojos para mostrarme que solo la perspectiva de Dios era la correcta y la única perspectiva que podría traer paz a mi vida, entonces me ayudó a tomar la decisión de unirme a Él y así poco a poco sacarme del hoyo donde estaba.


Otro aspecto que se habla en el libro que tocó mi corazón, fue recordar que Dios se sienta con nosotros en las ruinas de nuestra vida. Ya sea porque la vida nos golpea, aunque no lo busquemos o queramos, o por las malas decisiones que tomamos, muchas veces nuestras vidas terminan en ruinas. Ahí nos sentimos perdidos y sin rumbo y si no es por el amor del Señor, terminaríamos hundidos en el dolor, la decepción o la culpa. Al leer el libro, me trajo esperanza el imaginarme a Jesús sentado conmigo en medio de mis ruinas acompañándome en esos momentos. No veía en Él una cara de enojo o frustración, sino un corazón lleno de paciencia que esperaba por el momento en que pudiera mirarlo para restaurarme y ayudarme a continuar.


Por último, lleno mi vida de gozo el recordar que Él sigue siendo Emanuel, Dios con nosotros, en todo momento, cuando nuestra vida está en su mejor momento, pero también cuando está en ruinas. Él no nos abandona en las tormentas que vivimos, sino que se sienta junto a nosotros en nuestro barco, acompañándonos mientras navegamos por esos mares furiosos. Y al mismo tiempo se sienta con nosotros en las ruinas de nuestras vidas para guiarnos, sanarnos y mostrarnos su amor y su compasión.


Omar Herrera