PERO ENTRE USTEDES NO SERÁ ASÍ!

Él les dijo una vez a quienes le seguían: “ustedes saben que los gobernantes de este mundo tratan a su pueblo con prepotencia y los funcionarios hacen alarde de su autoridad frente a los súbditos. Pero entre ustedes será diferente. El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente, y el que quiera ser el primero entre ustedes deberá convertirse en esclavo. Pues ni aún el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos”

Sirviente, esclavo, servir… ¿dar la vida?, ¿en serio? Esas palabras suenan, en mi contexto, a algo relacionado a sin valor, peyorativo, en todo caso, negativo. Esclavo para ser líder, sirviente para quienes quieren ser los primeros.

Es gracioso que suene mal, cuando el “Liderazgo de Servicio” es un paradigma muy popular entre los entes sociales y ministerios que tenemos alrededor nuestro y El Alfarero no es la excepción. El concepto se ha convertido en algo así como la panacea de la alta gerencia, por donde miramos. Pero… todavía es difícil encontrar a quien en ejercicio de liderazgo, guste ser relacionado con los adjetivos que mencionamos al comienzo. Son de estas incoherencias humanas con las que tropezamos a cada rato.

Una tesis personal me lleva a pensar que el ejercicio del poder sufre de algo así como una peste, sumamente contagiosa y terriblemente difícil de evitar. La posibilidad de tener el control sobre otros, es simplemente embriagadora y la tendencia a la tiranía aparece, por más sutil que esta sea. Algo está fuera de lugar en nosotros y sencillamente no podemos evitar dejarnos seducir por esa posibilidad. Y corriendo el riesgo de sonar extremista, creo que no hay nadie, por más bueno que sea, que sea capaz de resistirse. Lamentablemente, el poder y el liderazgo se confunden mucho, especialmente al principio (como el trigo y la cizaña, que solo se diferencian cuando han crecido) entonces, el simple ejercicio de poder en un momento, podría parecer liderazgo.

Por eso es que creo que las palabras de Jesús a sus discípulos tienen tanto sentido. “Entre ustedes, no será así”, ese ustedes, se refería a un grupo particular de personas. Pero ¿a quienes? En el contexto de la historia, Jesús se estaba dirigiendo a sus discípulos; un grupo de pescadores y otros tantos pecadores que habían escogido dejarlo todo e ir tras de Él. Eran gente que no podrían considerarse mejores que nadie y menos por algo que hayan podido hacer por ellos mismos. Ese “ustedes” estaba referido a gente más simple aún que el promedio, pero que había sido seducida por algo distinto al poder, sencillamente habían escuchado la voz del maestro y no pudieron resistirla. Así que, voluntariamente y de manera fiel, seguían Su ejemplo y estaban dispuestos a todo por parecérsele.

Pienso que ahí está el antídoto a la peste del poder. Este es el punto en que la cizaña puede ser cortada de raíz. El Maestro sabía que la única manera de vencer la seducción al poder, era pareciéndose a Él. De ahí vino el “El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente, y el que quiera ser el primero entre ustedes deberá convertirse en esclavo. Pues ni aún el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate por muchos

Creemos sinceramente que esta moda de tomar el liderazgo de servicio, como panacea, es imposible sin ÉL, sin Jesús, sin el Maestro. Consideramos que aún en nuestro mejor momento, nuestro esfuerzo se ve pálido e insuficiente, al lado de lo que el Salvador ejemplifico con su vida y luego nos dio la posibilidad de disfrutar a través de una relación con Él. Sencillamente no podemos ser mejores que nadie si Él no nos ha visitado antes y nos ha seducido.

¿Y por qué tan filosóficos?

Es que en el Alfarero soñamos con transmitir esta manera de ver el poder. Anhelamos que los estudiantes que llegan y se involucran con nosotros, comiencen a creer que ejercer autoridad según este modelo, no solo es posible, sino que es preferible y hasta más satisfactorio. ¿Cómo sería esta ciudad si ellos toman este modelo y lo aplican cuando, ya adultos, tomen el liderazgo de la ciudad, de las empresas, de las familias? La frustración es grande cuando, muchas veces, nos hemos encontrado a nosotros mismos pálidos e insuficientes en modelar este ejemplo (y tememos haberlo arruinado todo). La frustración es grande, pero suele ser reemplazada con la esperanza que trae la posibilidad de pedir perdón y comenzar de nuevo.

En fin, los Farfán especialmente, estamos pensando mucho en esto los últimos meses. Y es que han pasado algunas semanas desde que nuestra familia está disfrutando de una casa linda, con jardín y espacio suficiente para que la ropa de invierno pueda salir de la maleta que está bajo la cama y se cuelgue, como corresponde, porque ya hay donde esté, sin provocar más sensación de hacinamiento. Una casa hecha a medida. Fue construida, con un crédito hipotecario muy bien administrado por… nuestros líderes.

Era imposible considerar disponer del tiempo para poder dirigir una obra así, mientras servimos, criamos dos niños pequeños e intentamos mantener algo de romance en nuestro matrimonio, por lo que el proyecto se postergaba una y otra vez, hasta que ellos, decidieron que lo harían en persona (trabajan exactamente igual que nosotros, con excepción de los niños pequeños, lo que equivale al tiempo para construir una casa).

Ellos buscaron que los materiales sean los mejores y los precios, los más bajos. Se aseguraron de que no debamos preocuparnos por supervisar o cambiar algo. Viajaban a la obra cada semana y nos enviaban fotos para que estemos tranquilos y nos emocionemos. Lo hicieron para nosotros, nos sirvieron y eso nos ha conmovido profundamente. Ha desafiado nuestro liderazgo y nos ha enseñado sin palabras muchas más cosas que las que podemos listar.

Nos ha sonado muuuuy fuertemente al oído y en la vida misma el “entre ustedes no será así” … y eso nos ha transformado un poco más. Y pensamos, ¿Cómo sería esta ciudad si todos los líderes sirvieran a sus trabajadores de maneras así de significativas?… ¿cómo sería?

Jefes queridos: GRACIAS… por mucho más que una casa hecha a medida.

 

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Cristo en el Centro, en el corazón, en la médula misma, CRISTOCÉNTRICO

El año comenzó y llegó con tanto brío que recién podemos sentarnos a procesar y digerir… y mejor si lo hacemos rápido, que aquí el tiempo jamás pasa lento.

Abrimos el café, hace tres meses, pero veníamos trabajando desde Enero preparando el arranque del nuevo año.

Cada vez que comenzamos, después del descanso de las fiestas, las mariposas en el estómago revolotean a placer. Y es que no sabemos qué esperar. Desde el 2013 que comenzamos a  servir ni un solo año ha sido fácil, ni uno solo, sin embargo, tampoco hemos tenido años malos. Es algo difícil de explicar.

Lo único fácil en realidad es que la corriente tan fuerte de pendientes, trabajo, relaciones intensas, nos arrastre y olvidemos lo importante. Creo que es por eso que esta vez comenzamos con la convicción muy fuerte, de que teníamos que reafirmar quienes somos y por qué hacemos lo que hacemos.

Pensando y hablando sobre ello decidimos comenzar a ser intencionales en pensar, charlar, pintar, dibujar, lo que fuera que haga falta para remarcar eso que es la esencia de quienes somos como organización y como individuos también; CRISTOCÉNTRICOS o dicho de otra manera, dando vueltas alrededor de Cristo, así como la tierra gira alrededor del sol.

En el Alfarero todo lo que hacemos, cómo lo hacemos, nuestras relaciones y quienes somos están basados en Jesucristo; Su vida, Su Palabra y la esperanza que Él nos da por medio de la fe. Así es como reza la descripción de la base de nuestros valores. Y nos encanta repetirlo y promoverlo en la firma de nuestros correos electrónicos y el estado de nuestro “wasap”, pero… remarcarlo implica un poco más, creemos. En realidad, ¿qué significa que Él (su vida, Palabra y esperanza) sea la base de lo que hacemos, cómo lo hacemos, de nuestras relaciones y de quiénes somos? ¿Cómo baja eso a la tierra, al día a día, a nuestras broncas y a nuestras alegrías?, ¿cómo? Así que decidimos que esa pregunta nos incomode y haga la parsimonia difícil, en este tiempo.

¿Cómo es que Cristo sea el centro en la cocina, cuando se lava la bacha después de haber preparado comida para cientos?, o en el café, ¿cómo es cuando es hora pico y uno de los voluntarios está siendo especialmente lento en el servicio?, o en eventos, cuando de lo que se trata es de que el cliente se vaya satisfecho, ¿cómo es?

Pensamos entonces en recolectar y juntar ejemplos o historias que nos ayuden a comprender. Y decidimos compartir con ustedes, aquí  a grandes rasgos, algunas de ellas. Así, mientras nos damos a conocer a ustedes, aprovechamos para conocernos nosotros también.

En cuatro meses hemos presenciado hitos en las vidas de varios, hemos abrazado harto, hemos reído hasta perder el aire y ya comenzamos a llorar también. Un típico año en el Alfarero. Es ahí donde comenzamos a encontrarlo, a Él, en el centro (aunque muchas veces, no somos nosotros quienes lo hemos puesto en medio)

No hace mucho, fue claro como bailábamos alrededor Suyo, (de Jesús), cuando alguien en medio de una desilusión amorosa llegó a hacer voluntariado para no estar llorando en las esquinas lo que le había sucedido. Un día no fue suficiente, al parecer las relaciones en el café (aunque no son sencillas siempre), le ayudaron a calmarse. Después de un tiempo, cuando varios miembros del staff y otros voluntarios, entre risas, le ayudaban a llevar el duelo, alguien le sugirió que vaya a consejería. Aceptó y en una de esas salas a las que a veces les falta ventilación, le presentaron Al que se pasea por este edificio a placer. Esta persona entendió su necesidad de Dios y eligió pedirle que comience a gobernar su vida. No hubo ángeles cantando y nadie levanto vuelo, pero hubo gozo y apareció la esperanza de nuevo. Quienes somos, lo que hacemos, cómo lo hacemos, nuestras relaciones, están basadas en Cristo y en un día cualquiera, alguien decide comenzar a vivir diferente.

Recogiendo estas historias, recordamos un episodio, (de varios muy parecidos) y lo encontramos ahí también. Trabajábamos duro recaudando fondos para terminar de construir este edificio, el que tomó 4 años levantar. Habíamos comenzado llenos de esperanza, con el 5% de lo que estaba presupuestado que cueste en el banco, seguros de que Cristo, ese alrededor de quien vivimos, proveería lo que faltaba. Y lo hizo, pero a Su ritmo y Placer y eso no fue cómodo para nadie que estuviera involucrado. En fin, en una ocasión, tuvimos que decirle a la empresa que construía que no teníamos más dinero p

Lobby
El lobby hace 6 años.

ara pagar la mensualidad de cincuenta y cinco mil dólares que debíamos ese mes. Ellos decidieron salir de la obra hasta que tengamos el dinero, lo que implicaba retirar su gente, equipos y cobrarnos una multa fuerte. Lo harían ese sábado, estábamos a viernes, reunidos en la obra orando y agradeciendo por haber llegado hasta ahí.

En medio de la oración alguien llama a Graham Frith, el Jefe ;D, (misionero fundador de los Alfareros) y le dice: -!no paren!, una fundación anónima acaba de depositar para ustedes 2 meses de cuotas para que no se detengan-. Los obreros de la empresa, estaban retirando algunos materiales y salimos como locos a detenerlos. Todavía me emociona recordar la profunda sensación de seguridad que nos dejó ese milagro. Era como escucharlo decir audiblemente “todo va a estar bien, ¿por qué se desesperan?” Ahí vi como Cristo, se ponía en el medio, cuando el estrés nos llevaba a todos a correr alrededor del presupuesto en lugar de Él.

Lobby 2
El lobby hoy…

En Marzo de este año, 6 después del milagro que les acabamos de narrar, confirmamos que por primera vez el Alfarero había cubierto los costos de la operación de todo el año, dejando la gestión sin deudas… recordamos entonces este hito del principio y entendimos por qué Dios permitió tantas veces que llegáramos al límite. Nos estaba enseñando a confiar y a partir de ahí a depender de Él. Ahora, el hito es Su provisión cuando parecía todo perdido y no el que hayamos cubierto los costos con las unidades de negocio. De nuevo Él, Cristo, poniéndose en el centro de quienes somos, lo que hacemos, cómo lo hacemos, nuestras relaciones, todo.

Pero los hitos son muchos más. En medio de una de las conversaciones, alguien del equipo recordó que una de las personas que más queremos en el Alfarero, llegó en medio de una tragedia familiar que había durado ya mucho tiempo. Vino a ver cómo era y de qué se trataba el voluntariado, porque en una fila provocada por la burocracia del país, alguien le dio un volante con el 25% de descuento para estudiantes y la posibilidad de ser voluntaria. No se fue nunca más, conoció a Cristo en medio de estas paredes, ha llorado mucho de su duelo con nosotros, ha servido, encontró una comunidad de fe y ahora está cuidando a otros, a pesar de lo incómodo que eso puede ser. Y de nuevo, Él en el centro.

Recopilando estos momentos, venimos a darnos cuenta que bailando alrededor de Él, la palabra que más hemos repetido es ¡GRACIAS! Y es que lo que sucede en este lugar es imposible de planear humanamente. Son demasiados detalles, demasiadas “coincidencias”, solo puede ser parte de un plan, de una estrategia más grande que nosotros. Así que si, la palabra que más sale es ¡GRACIAS!… por dejarnos verte aquí, por tocar lo que Haces, por dejarnos dar vueltas alrededor Tuyo Señor.

No se admiten personas perfectas. Por favor, ¡no insista!

Y nos referimos a Perfectas; fáciles, sin complicaciones, resueltas, contentas todo el tiempo, sin secretos, sin estrés, sin problemas, lo tienen todo, excepto defectos… perfectas.

Y es que en el Alfarero tenemos esta comunidad formada por todo lo contrario, somos personas difíciles y otras veces muy fáciles, llenas de complicaciones, cansadas, ahogadas en líos gran parte del tiempo, tristes y de mal humor “ocasionalmente” aunque también muchas veces, de buen humor. Con secretos que nos avergüenzan profundamente, ansiosas en muchas ocasiones, demasiado relajadas en otras, con problemas, con vacíos y también con respuestas… llenos de defectos y varias virtudes. Aquí la gente grita, ríe fuerte, se viste raro, tiene tatuajes, come mal, habla con la boca llena muchas veces, hace bromas tontas y se desubica.

¿Qué hacemos? Fracasamos tantas veces al intentar construir una comunidad perfecta, para gente también así… que es muy doloroso reconocer que no pudimos, aunque lo hayamos intentado con mucha fuerza, muchas veces.

Queda siempre solo este lugar real, con gente real. ¿Qué de qué hablamos?, déjennos tratar de explicarles.

La última parte del segundo semestre del 2016 fue muy duro… mucho, en serio. Permanecía todavía de pie esa imagen que nos gusta de nosotros mismos; comprensivos, asertivos, perdonadores, fáciles de tratar (eso que tiene la gente perfecta) En este tiempo, este auto-concepto terminó de derrumbarse totalmente… sencillamente se desmoronó.

Algo pasó dentro del equipo, el corazón mismo de la comunidad y este episodio dolió tanto y por tantas razones, que nos salió a casi todos, ese ser incapaz de mirar más allá de su nariz. Nos encontramos defendiéndonos unos de otros, levantando muros, desconfiando y murmurando. Nos herimos muchísimo.

En medio de todo el drama que vivíamos hacia adentro, era evidente que no teníamos más alternativa que continuar sirviendo hacia afuera, sonriendo a quienes llegaban al café, intentando acercarnos a los que parecían tristes o confundidos, pero… ¿que podíamos ofrecer?

El punto más profundo de esta crisis nos encontró a algunos fuera y a otros con las pilchas listas para irnos, desesperanzados y sin ganas de volver a confiar. ¿Acaso no éramos una comunidad?, ¿acaso no estamos aquí, en nombre de Cristo, para amar y dejarnos amar?… ¿acaso podemos ser un fraude? Y es que ¿cómo amas a alguien que es difícil de amar, que te empuja, que te aparta?, ¿cómo quedarte, cuando parece que el otro lado ya no quiere seguir?, ¿cómo dejarte amar, perdonar y recibir perdón, cuando tu instinto básico de sobrevivencia grita que defiendas lo que te queda de dignidad?

Si amigos, así fue de duro. Dudamos profundamente de nosotros, de ser adecuados para esta comunidad, de tener algo real que alcance para cuidar a las personas en este ministerio.

Fue entonces que alguien hizo la pregunta que más dolía; ¿No es acaso que aquí no se admiten personas perfectas?

La respuesta obvia y superficial nos daba a entender que eso significaba que la cultura del Alfarero era más o menos un “dejar hacer, dejar pasar” pasivo y “tolerante” (entendiendo que la verdadera tolerancia está muy lejos de dejarte ser lo peor de ti mismo). Pero entonces, ¿por qué sentimos tan profundamente?, ¿por qué nos molesta tanto que nos juzguen y parezca que nos traicionan (que es lo que hace la gente imperfecta)?, ¿por qué es tan vergonzoso ver de frente las evidencias de nuestros fracasos como grupo y como individuos?, ¿por qué tanto miedo a quedar expuestos?

Y fue entonces, que caímos en cuenta que estábamos tratando de ser una comunidad para gente imperfecta, asumiendo que detrás, la gente tenía que ser perfecta. Se trataba de esto que creemos fuertemente y que está metido en esta mentalidad paternalista que se conecta tanto con todo lo que lleve la etiqueta de “cristiano”, en donde los que sirven, los que están para otros, “tienen que” ser absolutamente buenos, incomprensiblemente nobles, absurdamente comprensivos, silenciosos, eficaces y muchas otras cosas más, que de nombrarlas solamente, agotan.

Y resulta que no, que aquí muy pocos pueden echarse encima esas virtudes, especialmente bajo presión. Que es difícil, que para lograrlo nos toca rendirnos, reconocer errores, pedir perdón, decir en voz alta que no podemos, que duele, que queremos huir… que nos quedamos solo porque sabemos que hay más.

En el punto más bajo, cuando las estrategias que siempre han resultado no alcanzan, vimos a este grupo de gente definitivamente imperfecta, declarar su incapacidad para ser lo que se espera de ellos. Vimos a varios llorar delante de Dios pidiendo perdón y luego, volviéndose a los otros, para hacer lo mismo y (comiéndose lo más difícil), recibir ese perdón. Escuchamos ese “no te vayas ahora, quédate, resolvámoslo y luego, cuando nos amemos de nuevo, sales como debe ser” o “me quedo aunque me cuesta mucho creer que mejorará, me quedo por qué es lo que Dios quiere que haga, aunque no entiendo por qué no me deja ir”

Y entonces, aparecieron los síntomas de eso que es tan hermoso y sin lo cual no vale la pena nada; la Esperanza. De pronto, estábamos de nuevo riendo los chistes sonsos de alguien que nos había herido o cubriendo al que “estuvo en el otro bando”, porque tenía líos para llegar (sí con los ojos blanqueados, pero cubriéndolo) De nuevo los devocionales eran tiempos para decir lo que nos asustaba y orar unos por otros. De nuevo, daban ganas de quedarse.

Entonces hicimos click… realmente no somos perfectos. Nunca seremos perfectos. Solo podemos ser quienes somos. Solo podemos ser reales. Comprender esto fue profundamente sanador. Y es que, precisamente porque no somos perfectos, podemos querer ser mejores. Puede ser una meta ser la mejor versión de nosotros mismos y soñar con que quienes cuidamos sean la mejor versión de sí mismos. Como no somos perfectos, necesitamos tanto cuidado como quienes cuidamos. Podemos cansarnos y tener un poco de miedo. Como no somos perfectos, podemos perdonar, pero especialmente podemos pedir perdón y… recibir perdón (los perfectos solo perdonan) y madre mía, ¡que liberador es recibir perdón!

Cuando escuchamos a alguien que respetamos mucho en la comunidad, alguien que invirtió sus mejores años en servir y hacer lo bueno decir que “era más fácil ser misionero en un país cerrado y meter Biblias en lugares donde te persiguen, que creer que Dios le amaba incondicionalmente… hasta que llego al Alfarero”, entendí que este aprendizaje no fue nuestro, sino que vino del cielo.

Por eso es que queremos ser honestos con usted. Realmente no podemos admitir personas perfectas en este lugar. Debemos advertirle que puede salir profundamente frustrado y desilusionado con quienes somos y lo que ofrecemos. No queremos hacerle pasar ratos amargos, ni que pierda su tiempo. Sírvase buscar una comunidad alterna.

Equipo 2016

Gracias.

Noticias desde Adentro

Pareciera sencillo imaginar lo que sucede adentro y alrededor de un ministerio como El Alfarero, que es tan público y abierto a todo aquel que quiera ser parte. Sin embargo, debemos decirles que no es así.

Las papas que se cocinan dentro tienen tantos matices y sabores, que solo estando en lo profundo, es posible saborearlos todos. El bullicio del café, es tal vez el gustillo más intenso al primer bocado; risas, gritería, charlas en susurro, miradas profundas, apapachos, canciones de cumpleaños, algunas lágrimas y hartísima comida rica son sus ingredientes. Pero hay más, mucho más, y sin esos matices más sutiles, el gustillo intenso no sería igual. Adentro, en la biblioteca por ejemplo, se tejen un montón de sueños, entre aquellos que llegan a estudiar mientras buscan aire fresco, en medio del intenso calor de esta ciudad. Al lado de ellos, se sientan los que no saben bien cómo encarar cierta tristeza y encuentran un título que tal vez les dice algo, igual que los curiosos que solo quieren ver que pillan.  Si a esto añadiéramos lo que cada consejero podría contar y no cuenta, (porque lo que escuchas en consejería, se queda en la sala de consejería); llanto de desconsuelo, decisiones tomadas, perdón, arrepentimiento, enojo, rencor removido, esperanza, dolor, risa, mal humor. Imagina, además, todo lo que pasa en los pasillos, el cuarto de oración, en medio del equipo, en los grupos de Raíces y Tercer Espacio, la casa de acogida para mujeres en riesgo… Definitivamente el sabor lo puedes probar, pero solo un buen catador es capaz de discernir cada ingrediente.

Por eso queremos contarte lo que nos pasa, desde aquí adentro, lo que vemos y lo que nos cuentan, lo que sentimos y lo que percibimos que otros sienten, lo que realmente pasa, detrás de lo que es visible.

Han sido semanas muy difíciles para el equipo, hemos atravesado una crisis dura de la que todavía estamos en proceso de salir, mientras aprendemos. Hubo momentos en que todo parecía inútil y oscuro. Pero entonces,  encontramos a este muchacho sencillo en la iglesia. Había llegado al Alfa (como le dicen los amigos), buscando consejería por un problema que podría no sonar mucho para otros, pero que él reconocía que estaba afectando su capacidad para acercarse a quienes le importaban, muy fuertemente. Estaba peleando con la ira y el enojo. En consejería, se puso en contacto con su historia, de manera descarnada. Asi como también pudo conectarse con Aquel que tenía, desde el principio, el control de esa historia.  La consigna dentro de las salas del Alfarero, es que no hay palabras “correctas” o no correctas, eres quien eres y mejor si de una vez descubres el lugar en el que realmente estas, para poder definir el camino hacia dónde quisieras estar. Este muchacho venía de un contexto religioso, conocía las reglas de conducta y relacionamiento muy bien, pero dejarlas a un lado y expresar su dolor en las palabras que le venían a la boca, lo liberó más allá de donde él esperaba. La impotencia encontró salida y llorar varios recuerdos de su vida en los hombros adecuados, le quito mucha carga. Comenzó a sentir que tenía más control sobre su rabia, en medio de sus relaciones importantes, cuando invitaba a Jesús a caminar con él en la rutina. En el proceso, se dio cuenta que necesitaba una comunidad más cercana y la buscó. Lo encontramos en una iglesia a donde llegó nervioso, pero donde conectó de inmediato. El segundo domingo de “visita” ya estaba llevando de “visita” a otro amigo. El consejero del Alfarero que lo acompañó en el proceso, solo sonríe. Definitivamente hay más, mucho más en esta historia que tal vez nunca sepa nadie más que ellos dos.

Encontrarlo y conversar sobre su paso por el Alfarero y el re-encuentro que tuvo con Dios ahí dentro, en un lugar tan lleno de gente imperfecta, (pero donde ocurren todo el tiempo historias como esta), fue esperanzador, en medio de un par de semanas de “crisis”

 

 

Nosotros


Los Farfán (Pavel, Fátima, Pablo y Marco) servimos por un llamado a aquellos más jóvenes, para caminar juntos hacia el  Grande Único.

Nos conmueve profundamente ver a muchos de los que podrían gobernar el mundo, sin sueños, ni propósitos y con profundas necesidades emocionales, que es un lugar que conocemos bien…